Archivo

Archive for the ‘Restos arqueológicos’ Category

Lagunas de Villafáfila-Zamora

diciembre 11, 2009 Deja un comentario
lagunas de villafafila

lagunas de villafafila

Al noreste de la provincia de Zamora y en plena Tierra de Campos,se encuentran las lagunas de Villafáfila, uno de los más importantes humedales de todo el norte peninsular y, sin duda, el más significado enclave para las aves acuáticas, esteparias y migradoras de Castilla y León. Formado por tres lagunas principales -Salina Grande, Barillos y Salinas- y otra serie de humedales más pequeños, alrededor de las zonas encharcadas se localiza un territorio dominado por las tierras de cultivo. Muy cerca de Villafáfila se localizan las ruinas del monasterio cisterciense de Moreruela. Sus restos están colonizados por un gran número de cigüeñas blancas. Por toda la zona se pueden contemplar unas auténticas y casi desconocidas joyas de la arquitectura rural: los palomares. La luz en esta zona es muy especial, diferente y de fuertes contrastes. La energía en este lugar es potente e intensa.

Anfiteatro romano-Tarragona

noviembre 11, 2009 1 comentario

anfiteatro romano de tarragona

anfiteatro romano de tarragona

Justo a la orilla de la ciudad, y con vistas a uno de los amaneceres más bonitos que pueden verse se encuentra el Anfiteatro romano de Tarragona, lugar de culto al ritual lúdico de la muerte. Se construyó en época de Trajano o de Adriano y representó para Tarraco disponer de un edificio específico para los juegos a muerte entre gladiadores y con animales. El edificio, de forma elíptica, fue adaptado a la topografía del terreno. En la arena se excavaron dos largas fosas perpendiculares para facilitar el acceso de los gladiadores a la pista. A través de un pasadizo cercano a la playa se introducían en el anfiteatro los animales destinados a los juegos. Junto a la arena se ha podido documentar la existencia de un pequeño santuario dedicado a Némesis, divinidad protectora de los gladiadores. El anfiteatro de Tarraco era de modestas dimensiones (111,5 x 86,5 m) y su capacidad ha sido calculada para unos 14.000 espectadores. En el año 259 d. C., en el marco de las persecuciones contra los cristianos promovidas por Valeriano, fueron quemados en el anfiteatro tarraconense el obispo Luctuoso y sus diáconos Augurio y Eulogio.
La muerte campaba con sus mejores galas de protagonista del espectáculo en este lugar. Sus piedras huelen a sangre e historia del ansia y la depravación sádica del hombre.